La mañana aún está fresca, el viento arrastra sal desde el mar hacia los riscos de la Ensenada de El Panul. La luz revela arenas grises, restos de viejas estructuras, y la huella mínima de lo que podría transformarse: allí se perfila la futura planta desaladora que promete cambiar el rostro de la conurbación La Serena-Coquimbo, una zona que hace años vive, de cerca, la carencia de agua.
El Panul no es un lugar nuevo para quienes conocen la región. Es un punto al sur de Coquimbo que mira hacia el Pacífico con la rudeza del paisaje costero: roca y viento, olas que rompen sin compasión. Pero, para muchos habitantes de la zona, se ha convertido en símbolo de esperanza. La esperanza de que, tras años de sequía, la ciudad recupere algo que se da por sentado en otros lugares: agua confiable.
Cuando el Presidente Gabriel Boric anunció —en una visita a Coquimbo— que la desaladora se emplazaría en El Panul, muchos escucharon alivio. Prometió abastecer agua potable para La Serena y Coquimbo, irrigar zonas agrícolas y llevar agua hasta Ovalle.
Era una buena noticia, después de años en que los embalses bajaban, las napas amenazaban, los campos se secaban. Pero también el anuncio recordó lo persistente: la sequía como un adversario constante. Boric admitió que no esperaba inaugurarla durante su mandato, pero pidió acelerar los procesos.
Tramitaciones, licitaciones y dudas
El impulso político fue importante, pero la realidad técnica y administrativa lo alcanzó pronto. El Ministerio de Obras Públicas (MOP), por medio de la Dirección General de Concesiones, publicó la licitación para la desaladora, con un monto estimado en alrededor de US$ 350 millones.
Para julio de 2025 se esperaba recibir posturas técnicas y económicas, y para agosto abrirlas públicamente. En paralelo, miembros del MOP viajaron a conocer de cerca la planta desaladora de Atacama, para aprender de sus buenos y malos momentos antes de iniciar las obras en El Panul.
Pero desde que el proyecto entró en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), las aguas no han sido tan tranquilas. El Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) reunió más de 700 observaciones al Estudio de Impacto Ambiental (EIA) presentado por el MOP. Estas observaciones cubren desde la línea base territorial hasta el diseño de emisarios, oleaje bajo cambio climático, áreas marinas y participación ciudadana.
Varios servicios públicos fueron convocados para visitar el terreno y verificar “in situ” los planteamientos del EIA. Esa revisión es esencial, dicen unos, para evitar daños irreversibles; otros advierten que puede atrasar una obra que la región necesita con urgencia.
Caminar por El Panul es asomarse al futuro y al pasado al mismo tiempo. Se ve el mar, la roca, el viento. Se huele la sequía, la espera, el reclamo tácito de quienes sueñan con días más confiables.
Pero detrás del sueño hay incertidumbres: ¿los plazos se cumplirán? ¿los diseños resistirán el rigor del oleaje y los efectos del cambio climático? ¿cómo se mitigarán los impactos en ecosistemas marinos o en comunidades locales? ¿cuánto costará el agua y cómo se financiará?
El SEA insiste en que todo eso debe quedar claro antes de avanzar. El MOP presiona para que la planta esté en operación cuanto antes. Las empresas interesadas han comprado las bases de licitación —más de treinta hasta ahora.
Al caer la tarde en El Panul, la luz baja y el mar se oscurece. En los acantilados vecinales algunas familias miran hacia el horizonte: algunos crean que la desaladora será el alivio que han esperado décadas; otros piensan que las buenas intenciones deben medirse con hechos.
La región está urgida, claro, pero también exige transparencia, cuidado ambiental y justicia social. La desaladora de El Panul puede ser el punto de inflexión que Coquimbo necesita: técnico, administrativo, legal, político. Pero sólo si esas piezas coinciden, si el contrato se firma pero también si el agua llega con garantía, sin daño ni exclusiones.
Mientras tanto, el viento sigue empujando la sal, recordando que la naturaleza aquí siempre tendrá voz. Y El Panul, con su mezcla de audacia y cautela, espera.



